sábado, 23 de agosto de 2008

La condición de capital cultural se impone como una hipótesis indispensable para ver las diferencias en los resultados escolares que presentan niños de diferentes clases sociales respecto al éxito escolar.


El capital cultural puede existir bajo 3 formas: el estado incorporado, es decir, bajo la forma de disposiciones duraderas del organismo, puede deducirse del hecho de que en su estado fundamental se encuentra ligado al cuerpo y supone la incorporación. Este capital no puede transmitirse instantáneamente por el don o por transmisión hereditaria, la compra o el intercambio. Puede adquirise de manera totalmente encubierta e inconsciente y queda marcado por sus condiciones primitivas de adquisición.


En el estado objetivado, bajo la forma de bienes culturales, cuadros, libros, diccionarios, instrumentos, maquinaria (son transmisibles en su materiabilidad), los cuales son la huella o la realización de teorías o de críticas a dichas teorías, y de problematicas, etc.
Una colección de cuadros, por ejemplo, se transmite también como capital económico, sino es que mejor, ya que posee un nivel de enfemizacion mayor que aquél. Así los bienes culturales pueden ser objeto de una apropiación material que supone el capital económico, además de una apreciación simbólica, que supone el capital cultural.


El capital cultural en su estado objetivado se presenta con todas las apariencias de un universo autónomo y coherente, que, a pesar de ser el producto del actuar histórico tiene sus propias leyes trascendentes a las voluntades individuales, pero no debemos olvidar que el capital cultural solamente subsiste como capital material y simbolicamente activo, como arma y como apuesta que se arriesga en las luchas cuyos campos de producción cultural (campo artístico, campo científico) ,y más allá, el campo de las clases sociales.


El estado institucionalizado, la objetivación del capital cultural bajo la forma de títulos constituye alguna de las maneras de neutralizar algunas de las propiedades que tiene los mismos limites biológicos que su contenedor. Con el titulo escolar (patente de competencia cultural con un valor convencional, constante y jurídicamente garantizado desde el punto de vista de la cultura), produce una forma de capital cultural que tiene una autonomía relativa respecto a su portador.
Al conferirle un reconocimiento institucional al capital cultural poseído por un determinado agente, el titulo escolar permite a sus titulares compararse y aun intercambiarse.
El título, producto de la conversión de capital económico en capital cultural, establece el valor relativo del capital cultural del portador de un determinado título, en relación de otros poseedores de títulos y también, de manera inseparable, establece el valor en dinero con el cual puede ser cambiado en el mercado de trabajo.



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