Si te gusta, eso es todo, da igual que sea un paisaje o una obra abstracta.
Te gusta. Te golpea. No necesitas leerlo.
La obra de arte-escultura o pintura fuerza a tu vista.
Uno de los críticos más brillantes y respetados del la segunda mitad del siglo XX.
A lo largo de su vida trabajo escribiendo en periódicos y revistas en temas de política, cultura y posteriormente de arte, debido tal vez a que tenía una formación autodidacta en el "aprendizaje de la mirada". Es así como su capacidad visual encontraría en la crítica artística el mayor desarrollo y prueba de esto es que 1942 colabora para la revista The Nation y a partir de entonces su aportación en diferentes publicaciones como crítico le ayudan a formar una crítica teórica y analítica cada vez más aguda y firme hacia el arte. De los críticos de su generación que poco a poco se volcaban hacía la crítica de arte moderno, él fue el más aceptado y apreciado unánimemente por su agudeza inquisitiva: el descubrimiento de la pintura de Pollock, la complejidad cultural del expresionismo abstracto, considerado con desdén desde una moral de guerra fría, y la grandeza artística de algunos de los miembros de este movimiento como Arshile Gorky, Mark Rothko, Robert Motherwell, Willem de Kooning, Esteban Vicente o Franz Kline, son hallazgos del crítico difíciles de disolver por el paso del tiempo en la historia del arte.
Como si viera venir la catástrofe que se avecinaba sobre el arte, en 1939, publicó un artículo titulado Vanguardia y kitsch, donde establecía una distinción entre ambos, cuya vigencia resulta sorprendente, principalmente en lo que afirmaba sobre cómo el kitsch, término germánico para denominar el "mal gusto" popular, pero en el sentido de la masiva aceptación de lo tópicamente establecido, se deja fascinar por los efectos de una obra de arte, mientras que la vanguardia lo hacía con el proceso de la misma; es decir, que el kitsch, era en esencia, efectista, y la verdadera vanguardia, intencionalmente al menos, creativa. Un gran acierto de Greenberg fue advertirnos de que el arte atravesaría una crisis profunda, a partir de un espectáculo mediático, dialogando sobre la banalidad, que es en la actualidad de una preocupación escalofriante.
En este sentido, las teorías de Clement Greenberg toman un giro espectacular, ya que el arte contemporáneo parece que va en decadencia a causa de su éxito comercial, que va más allá de la obra como tal y de los propios artistas, pues algunos críticos mediocres "emergentes", desean convertir en arte, en crítica, en arte conceptual…, todo lo que no es, y, desde luego, no será.
El enorme mérito de Greenberg es y fue haber sido el defensor del expresionismo abstracto americano, el movimiento surgido tras la Segunda Guerra Mundial, que, además, coronó a Nueva York como capital mundial de la vanguardia. Hoy día, ya no hay vanguardia, ni la gran metrópoli, ya no domina el arte contemporáneo mundial, pues el mercado se ha hecho global. Y salvo algunas grandes excepciones, la crítica americana ha perdido también su peso.
Vanguardia
En medio de la decadencia de la sociedad, muchos se negaron a aceptar la repetición del academicismo, de los cánones, de nuestra propia cultura y supieron ver signos de esperanza. Una parte de la sociedad burguesa occidental produjo algo desconocido anteriormente: la cultura de vanguardia, la aparición de una nueva clase de crítica de la sociedad.
Cierto que los primeros pobladores de la bohemia –entonces idéntica a la vanguardia—adoptaron pronto una actitud manifiestamente desinteresada hacia la política. Con todo, sin esa circulación de ideas revolucionarias en el aire que ellos también respiraban, nunca habrían podido aislar su concepto de "burgués" para proclamar que ellos no lo eran. Y sin el apoyo moral de las actitudes políticas revolucionarias tampoco habrían tenido el coraje de afirmarse tan agresivamente como lo hicieron contra los valores prevalecientes en la sociedad Y realmente hacía falta coraje para ello, pues la emigración de la vanguardia desde la sociedad burguesa a la bohemia significaba también una emigración desde los mercados del capitalismo, de los que artistas y escritores habían sido arrojados por el hundimiento del mecenazgo aristocrático. (Ostensiblemente, al menos, esto implicaba pasar hambre en una buhardilla, aunque más tarde se demostraría que la vanguardia permanecía atada a la sociedad burguesa precisamente porque necesitaba su dinero.)Pero es cierto que la vanguardia, en cuanto consiguió "distanciarse" de la sociedad, viró y procedió a repudiar la política, fuese revolucionaria o burguesa. La revolución quedó relegada al interior de la sociedad, a una parte de ese cenagal de luchas ideológicas que el arte y la poesía encuentran tan poco propicio en cuanto comienza a involucrar esas creencias sobre las cuales ha tenido que basarse la cultura hasta ahora. Y de ahí se dedujo que la verdadera y más importante función de la vanguardia no era "experimentar" sino encontrar un camino a lo largo del cual fuese posible mantener en movimiento la cultura en medio de la confusión ideológica y la violencia. Retirándose totalmente de lo público, el poeta o el artista de vanguardia buscaba mantener el alto nivel de su arte escuchándolo y elevándolo a la expresión de un absoluto en el que se resolverían, o se marginarían, todas las relatividades y contradicciones. Aparecen el "arte por el arte" y la "poesía pura", y tema o contenido se convierten en algo de lo que huir como la peste.
Y ha sido precisamente en su búsqueda de lo absoluto cómo la vanguardia ha llegado al arte "abstracto" o "no-objetivo" y también a la poesía. El contenido ha de disolverse tan enteramente en la forma que la obra de arte o de literatura no pueda ser reducible, en todo o en parte, a algo que no sea ella misma.
Kitsch
El kitsch, que utiliza como materia prima simulacros academicistas y degradados de la verdadera cultura, acoge y cultiva esa insensibilidad. Ahí está la fuente de sus ganancias. El kitsch es mecánico y opera mediante fórmulas. El kitsch es experiencia vicaria y sensaciones falseadas. El kitsch cambia con los estilos pero permanece siempre igual. El kitsch es el epítome de todo lo que hay de espurio en la vida de nuestro tiempo. El kitsch no exige nada a sus consumidores, salvo dinero; ni siquiera les pide su tiempo.
Obviamente, todo kitsch es academicista; y a la inversa, todo academicismo es kitsch. Pues lo que se llama academicista deja de tener, como tal, una existencia independiente para transformarse en pretenciosa "fachada" del kitsch. Los métodos del indutrialismo desplazan a las artesanías.
Es casi inevitable que en nuestros días lo más banal sea lo más exitoso en casi cualquier actividad. La relación entre el kitsch o arte de consumo y el desarrollo económico es tan estrecha, que se puede decir que la presencia de lo kitsch en países de segundo o tercer mundo es un signo indiscutible de modernización.
Por escasas que fuesen las experiencias estéticas, la necesidad de arte y el deseo de prestigio son entidades psicológicas diferentes. Los amantes de lo kitsch pueden buscar prestigio, pero sus placeres no acaban ahí. Kitsch es imitación, falsificación, copia y todo aquello que llamamos estética de la decepción y el autoengaño; kitsch es una forma específicamente estética de mentir.
La falsificación estética consiste en el uso de los medios expresivos de la vanguardia para presentar como producto artístico algo que contiene un puro mensaje ideológico.
Si la vanguardia imita los procesos del arte, el kitsch imita sus efectos.

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